viernes, 11 de enero de 2013

Feminismo y reproducción


El feminismo, según la RAE y toda institución medianamente formal, se define como un movimiento que busca la igualdad para mujeres y hombres. ¿Se puede ser más simple y soso?
Más importante que las confusiones sobre su significado son las ausencias, la simplificación. El feminismo es política, es de género y de sexo, es de igualdad y de diferencia, de mujeres, de transexuales, de géneros desconocidos y es en definitiva integrador.
Hoy en día hay mucha gente que ve el feminismo como algo del pasado, superado ya en los años 70 (fruto de la segunda ola feminista) y lleno de hippies peleonas.

                                   

Esta ola seguía siendo feminismo de la igualdad, es decir que intentaba equiparar los derechos de hombres y mujeres. Eso es muy bonito en la teoría pero luego da lugar a maquinaciones como las de  María José Ragué, integrante del Partido Feminista de España (liderado por Lidia Falcón), que soltó tan pancha: "Solo cuando sea posible la reproducción in vitro", expuso en su ponencia María José Ragué, "las mujeres podrán decidir y elegir, si así lo desean, una maternidad libre y responsable, ya que en estos momentos resulta imposible".

Esto demuestra cómo la discriminación siempre se ha basado en la capacidad de gestación de la mujer. Paso de decir "capacidad reproductora", lo siento pero hasta que las mujeres no se clonen solas como estrellas de mar seguiré considerando que tanto hombres como mujeres tienen capacidad reproductora, nuestra diferencia es la gestación y el parto.

Así que la posibilidad de una mujer de tener su tripa como un balón de playa o sandía durante 9 meses es un riesgo aterrador para la sociedad. 
Salvo en casos de peligro, las mujeres no están de baja desde el día 1 de embarazo, eso para empezar.   Y como crítica a la señora Ragué, por muy buenas que pudieran ser sus intenciones, diré que el cuerpo de la mujer no debe ser visto como una limitación o "discapacitado", ya que es más bien todo lo contrario, venimos con una capacidad extra, que para quien la quiera usar es estupenda. Ver la gestación y el parto como una mala pasada solo se explica en términos de productividad, esto es, de interés capitalista.
Aún con lo horrible que es que la vida plena de una persona se evalúe según lo provechoso que seas para hacer dinero tengo una buena noticia para el mundo: las mujeres seguimos ganando. Se demuestra que las empresas con mujeres son más productivas así que un punto más a favor de la diversidad.


Lo más importante es que esto, aunque lo parezca, no es feminismo de la igualdad, sino de la diferencia. El triunfo de las mujeres en las empresas no viene solo del esfuerzo por "ser iguales que los hombres" sino que está demostrado que las mujeres por el hecho de serlo llevan los negocios y sobre todo el trabajo en grupo con unos valores muy distintos a los hombres y que, a largo plazo, son más sostenibles, seguros y beneficiosos. El capitalismo fomenta la competitividad y el corto plazo, las mujeres fomentan la cooperación y los proyectos a largo plazo. Así lo explicó una profesora de la Universidad Complutense de Madrid en la Escuela de verano de mujeres en Córdoba .

Entonces el problema debe ser lo que viene después: la crianza de los hijos.
El tema del cuidado de los hijos me toca mucho la moral, porque se asume que al parir te toca también el cuidado exclusivamente, lo que no tiene sentido porque tanto hombres como mujeres hemos sido dotados con dos manos y una cabeza que son suficientes para hacer sobrevivir a cualquier bebé por llorica que sea; además se ve esa crianza como una obligación horrible, cansada, una limitación al fin y al cabo.
Señor@s, si no quieren cuidar de los hijos no los tengan. Es un hecho biológico que los humanos somos las crías más estúpidas e inútiles del planeta. En lo que un lobezno aprende a cazar por sí mismo el bebé ha aprendido a no echarse la papilla encima.
Asumir que los hombres no quieren ser padres en la plenitud de significado de la palabra es también un fracaso absoluto. Así lo demuestra el surgimiento del masculinismo progresista.

Los masculinistas progresistas han visto las desventajas del sistema patriarcal, han vivido el desdén de sus hijos por no estar nunca en casa, el alto número de accidentes laborales en hombres porque en el sector de la construcción "se necesitan machotes", y muchas cosas más.
Gracias a una beca erasmus he pasado un cuatrimestre en los Países Bajos y he de decir que se nota mucho la diferencia en materia de feminismo/igualdad de derechos. Los holandeses son básicamente unos padrazos,ver a tantísimos hombres llevando a sus hijos al colegio o a cualquier sitio (en bicicleta, por supuesto) es genial. Los niños están entre algodones tanto con padres como con madres y me atrevo a decir que de ahí viene una relación de confianza bien estrecha (hablan con sus padres de sus parejas y de sus primeras relaciones sexuales, por ejemplo). Nadie diría que criar a los hijos es una obligación pesada, pues son el  país más feliz de Europa .




El valor que más se inculca en Países Bajos es la colaboración (un valor muy femenino), así que ya tenemos el secreto de la felicidad.

Araceli