miércoles, 23 de enero de 2013

Free Art Ensemble


El jazz no nace, pero viene del sur - así lo proclama el Free Art Ensemble. Con una crítica excelente y un público agradecido, mezclan ingredientes tan apasionantes como el jazz libre contemporáneo, el cante jondo, el baile flamenco y el grito. El grito es tan literal como simbólico: un clamor real y concreto a la libertad que otorga la pasión y el refugio del arte.  

Entrevista a Julián Sánchez (trompeta), a Valentín Murillo  (flauta) y a Sonia Sánchez (baile) . 
Por Viktoria Pokryvaylo



Fuente de la imagen: web del Teatro Central de Sevilla


No hay mucha información acerca del Free Art Ensemble que se pueda encontrar si uno investiga.
Julián Sánchez: Es cierto. Nunca nos hemos preocupado de ello, nunca nos ha interesado darnos a conocer por las redes sociales ni en Internet. Pienso que la mejor publicidad es nuestro trabajo. Lamentablemente, no es el pensamiento dominante.

Contadme entonces, ¿cómo surge el FAE?                           
Valentín Murillo:  A mí también me gustaría saberlo (risas)
J. Fue espontáneo… pero inevitable. Reunir gente que debía estar reunida. En realidad, este proyecto surgió cuando decidí que varios amigos nos juntáramos para hacer música; luego ya fue incorporar otros intérpretes para completar la formación. El mismo primer día nos reunimos, tocamos los temas y grabamos Preparación al castigo… es que recién había terminado de leer Crimen y Castigo,  me influyó mucho.

¿Cómo calificaríais vuestro estilo? ¿Jazz-flamenco?
J. Yo lo dejaría en música improvisada. Claro que hay mucho de jazz, los temas pueden recordar algún disco de Coltrane. Del flamenco hemos cogido el ambiente, pero sobre todo el aporte de Sonia (baile) y de Denia (Carlos Denia, cantaor – nota del autor)
V. Una gran influencia es el disco de Free jazz: a collective improvisation de Ornette Coleman. Es una jam session de casi cuarenta minutos de duración, interpretada por un cuarteto doble: dos baterías, dos contrabajos, dos trompetas y dos solistas – saxo y clarinete. Tiene una sonoridad muy peculiar, una formación como ésa no es nada corriente.

¿Vosotros usáis la doble plantilla de instrumentos?
J. Sí, tocamos con dos bajos y dos baterías – más concretamente, con batería y percusión. Aquí en España eso sigue siendo una novedad, sobre todo en una banda estable.

¿Dónde se pueden observar esas tendencias con más frecuencia? ¿En EE.UU., quizás?
J. No te tienes que ir tan lejos. En Portugal, por ejemplo, la música se entiende de otra forma – mucho más abierta a la innovación en cuanto a formaciones, melodías, etc.

Doy por hecho que no perseguís explícitamente lo comercial. Sin embargo, eso no impide que la música guste al público amplio.
J. En absoluto. Creo que nuestra música transmite mucho, en un lenguaje no muy extraño al oído desentrenado, y de ahí que conectemos con el oyente.
V. Nuestro proyecto es muy poco comercial sobre todo porque es caro, al ser tanta gente en el grupo. Los programadores se llevan las manos a la cabeza con esta música. Sin embargo, al público sí que les gusta mucho – jóvenes y no tan jóvenes, expertos y gente sin formación musical…

Una pregunta obligada. ¿Cómo os ha afectado la crisis?
J. El grupo nació en época de crisis. La pregunta correcta sería: ¿cómo nos afectará cuando no haya crisis? (Risas). La crisis, entre otras cosas, sirve para separar el grano de la paja. Siempre va a prevalecer lo bueno y comercial ante lo simplemente comercial.

Tenéis muchas cosas en común, artísticamente hablando, pero ¿cómo solucionáis, o más bien compagináis vuestras diferencias?
V. Sí que es complicado, pero no imposible. Hay una actitud de querer aprender, poner cosas en común, probar y no cerrarse.
J. Lo bueno es que cada uno tiene su hueco, su momento para expresarse. Nadie pasa desapercibido y es acogido por los demás. La calidad de la música no se fragmenta, no se resiente; al contrario, gana riqueza.
V. Todo es anárquico, pero nunca llega a ser caos. Se puede decir que caminamos en la misma dirección, pero cada uno a nuestro paso y con nuestra actitud.

¿Qué lugar ocupa la danza en vuestro proyecto y en el panorama general?
Sonia Sánchez. Esta vez la danza también ha sido una composición totalmente improvisada. Cada nuevo día de trabajo es una búsqueda, una experimentación constante. Lo que está más de actualidad es la experimentación desde el cuerpo, desde lo cercano, el sentimiento y lo cálido. Los convencionalismos ya interesan a pocos. Yo llevo toda mi vida bailando flamenco, pero ya hace diez años que me interesé por lo oriental. Lo único de lo que estoy segura es de que hay infinitos caminos por investigar, y que no los podré conocer todos. Tengo que elegirlos bien (risas).  
V. La búsqueda es lo que lo hace real y posible. El riesgo de que no saber adónde vas a llegar.
S. No siempre se llega a algo bueno. Pero toda experiencia es positiva, al menos para saber: esto es lo que no tengo que hacer.

La música clásica contemporánea, ¿la tenéis como referente?
V. Depende. Depende de lo que definas como contemporáneo. Stravinsky, por ejemplo, ya es de hace un siglo y aún suena chocante. Si te refieres a Webern o a John Cage, está claro que no tiene nada que ver con lo que hacemos. El free jazz sí que es contemporáneo, pero ¿es clásico? Es lo que quiero decir. Los límites, o no están claros, o son muy cerrados.

¿Con quién os gustaría trabajar, pero todavía no ha podido ser?
J. Sería un pecado que nos quejáramos habiendo trabajado con Agustí Fernández, por ejemplo. Pero yo creo que a todos nosotros nos emocionaría tocar con Coleman, aunque ya sea muy mayor. De todas formas, podemos encontrar personas que nos inspiren en nuestro alrededor – hay tantísimos músicos excelentes, que son también buenos amigos y compañeros…
V. Lo importante es no perseguir los nombres famosos sino pararse a reflexionar de vez en cuando. Cuestionarte tu propio trabajo, no hay nada más difícil y necesario…