viernes, 1 de marzo de 2013

Violencia en el parto, aún silenciada.



Si buscas, encuentras auténticas historias de terror escritas por madres sobre el momento de su parto. También vídeos a los que algunos califican de demagógicos pero que ciertamente son capaces de producir empatía en aquellos y aquellas que no han vivido la experiencia.
 





¿Cómo llamar a este fenómeno? Las madres que lo han sufrido lo llaman violencia obstétrica, haciendo hincapié en la sensación de maltrato que han sufrido. Los profesionales de la medicina no están de acuerdo y se limitan al término de mala praxis. 

Llamémoslo como queramos. De cualquier manera, la situación es la que es.

Demasiado frecuentemente los partos se consideran patológicos en sí mismos. La mujer se convierte en paciente y pasiva; son los médicos los que actúan. La parturienta deja de poder tomar decisiones informadas y se le aplican protocolos medicos desproporcionados.






La mujer ya no puede moverse, comer, beber, no puede decidir la postura en la que su cuerpo le pide dar a luz. Se le pincha la bolsa de agua. Se le aplica episiotomía sin necesidad médica real (frecuentemente esto se considera mutilación del cuerpo femenino).  Se le dan de manera protocolaria, no necesaria, medicamentos que aceleran el parto provocando problemas en el proceso natural que podría suceder de forma normal si no se interviniera. Cuando el bebé ha nacido, no se le permite a la madre tenerlo en brazos.

A esto se le suma un trato frecuentemente agresivo o impersonal. O la infantilización de la mujer ("Déjanos a los profesionales, que tú no sabes nada de parir"). 

Si una mujer sin contraindicaciones previas elige un parto en casa que, por alguna causa u otra, se complica, es posible que en el hospital la miren mal, le reprochen el "capricho" y la traten con más brusquedad. Se les tacha de hippies naturistas que no hacen más que complicar el trabajo de los profesionales de la obstetricia.

El parto no es de los médicos. El parto es de las mujeres.





Muchas mujeres recuerdan su parto de forma traumática. Por desgracia, este tipo de praxis todavía no se denuncia lo suficiente. Pero ya hay organizaciones y páginas web que reclaman los derechos de las parturientas. Que la información llegue a las mujeres es lo más importante para erradicar esta situación. La información es poder.


Sería redundante calificar esto como violencia de género, porque evidentemente los hombres jamás podrían sufrirla. Es más apropiado el término de violencia o maltrato a las mujeres, a las madres y a los bebés. Porque el bebé también sufre (más de lo necesario). Oxitocina química, tubos por la nariz y por el ano, luces cegadoras, que en vez del pecho de tu madre te encuentres rodeado de manos desconocidas y hostiles...








En fin, hoy en día en España no hay concienciación sobre este fenómeno, mientras que Argentina, por ejemplo, reconoce la violencia obstétrica como violencia de género.


Ojo, este no es un cántico hippie. Los avances de la medicina han reducido la mortalidad materna e infantil de una manera brutal. Las mujeres no deben renunciar nunca a la atención médica necesaria para preservar la prerrogativa más importante: la vida de la madre y del bebé. Pero siempre de una forma proporcionada, cuidando del bienestar psicológico de la madre, informándola debidamente y con su consentimiento. 

Tampoco queremos decir que todos los partos son así. Desde luego que hay grandes profesionales de la medicina, hospitales cuya política es máximamente respetuosa con las mujeres, etc. Las matronas cada vez más defienden el no intervencionismo del parto frente a los ginecólogos. 

Pero hasta que no se erradique la violencia en el parto, hay que reivindicar, concienciar e informar. 

Porque algún día casi todas querremos ser madres. 



Victoria