lunes, 8 de abril de 2013

El Laberinto


El D.R.A.E. define la palabra laberinto como "lugar formado artificiosamente por calles y encrucijadas, para confundir a quien se adentre en él, de modo que no pueda acertar con la salida".  Si cambiamos calles y encrucijadas por estanterías y libros, damos con el lugar que hoy os presento.






El Laberinto es una librería anticuario con un fondo de más de 80.000 obras -y aumentando- que fue inaugurada en Córdoba el 8 de Junio de 2012.

El responsable de todo esto es Daniel Rodríguez, quien inició la idea hace ya 17 años en un viaje a Cuba que hizo con su mujer, que le propuso cambiar de equipaje para volver con las maletas llenas de libros e historias. Daniel es un auténtico bibliófilo, pero ahora también es bibliotecario -dirige la Bibilioteca de la Facultad de Ciencias del Trabajo de la Universidad de Córdoba- y librero.



 


En El Laberinto, bajo ningún concepto,  busquéis best-sellers, nada de Cincuenta Sombras de Grey, Crepúsculo o Harry Potter. El Laberinto está repleto de verdaderas obras de arte.

Libros únicos, en las más variadas ediciones -acércate a la estantería de detrás del ordenador, encontrarás unas ediciones minúsculas...parecen de casita de muñecas- y, sobre todo, una enormísima variedad de géneros: ciencias puras y ciencias oscuras, poesía, novela y teatro, flamenco, Derecho, Medicina, economía, historia - no os podéis perder la sección dedicada enteramente a la Guerra Civil y al Franquismo...¡vaya joyitas!-,  arte, música, cocina, viajes, revistas,  comics, tebeos... Y si en español te parecen pocos...¡no te preocupes! También hay estanterías con obras originales en otros idiomas: ruso, alemán, inglés, francés, árabe... Y si la lectura no es lo tuyo pues golpe de remo  también hay colecciones de vinilos de distintas épocas y estilos.


Colección de obras en lengua inglesa



Parte de la colección de literatura en lengua extranjera

Lo mejor de todo esto no es que Daniel Rodríguez posea todos estas obras -que ya es suficientemente envidiable-, sino que te da la oportunidad de que los hagas tuyos. Sí, todos los libros están a la venta. Aunque para pagar algunos haría  falta gastar los ahorros de toda la vida de tus padres. 

Pero no es ése el verdadero objetivo de esta libreria tan especial. El Laberinto no es un sitio donde entrar, comprar y salir, todo lo contrario: El Laberinto es un sitio para estar, para coger y soltar un libro y otro, para hojear y ojear, para rebuscar, para oler, para coger y tocar, para leer y conversar.

El Laberinto tiene una única puerta, de fácil entrada y difícil salida. En El Laberinto hay que dejarse perder pero, mucho más importante es saberse perder: deja el móvil y el reloj en casa y,si eres un amante de la cultura, simplemente disfruta pues, como dijo Sebastián de la Obra, también es un Laberinto para salvarse.


Un laberinto es un lugar en el que es fácil entrar pero del que resulta difícil salir, Umberto Eco

Para los que viváis en Córdoba, El Laberinto abre todos los días -sí, incluso los fines de semana- y a todas horas, además está situado en un lugar inmejorable: en el mismísimo Paseo de La Ribera, pero que no os despite este lugar tan turístico pues no es precisamente la atención de los turistas lo que se pretende captar.
En Europa y en América hay mucha cultura de librerías anticuario por tanto podemos decir que para ellos ésto no es novedad. Este lugar trata de recuperar la cultura de lectura que durante tantos siglos ha existido en nuestra Corduba. El gran Averroes ya le escribía a un amigo suyo químico de Sevilla: "Cuando en Sevilla muere un librero, los libros acaban en Córdoba. Cuando en Córdoba muere un músico, los instrumentos acaban en Sevilla."

Y para los que no tengáis oportunidad de pasar por Córdoba, ¡no os preocupéis! Aunque os perdéis todo el encanto del lugar, tenéis el catálogo online aquí.




Localización de la librería





Hace unos años existían unos discos informáticos que se llamaban “floppy”, muy grandes. Hoy no hay manera posible de leerlos; están obsoletos. Estos libros se pueden seguir leyendo varios siglos después, aunque para algunos sea necesario saber latín - Daniel  Rodríguez


Nerea