domingo, 12 de mayo de 2013

Ser comisario de tu propia exposición, "Alice in Wonderland"

A menudo, la labor del creador de la obra (artista) ocurre por un lado y la de quien organiza el evento (comisario) por otra. Aunque ni qué decir que ambos deben estar muy compenetrados para que luzca tanto el trabajo de uno como el esfuerzo del otro. Hay casos, como el de esta exposición, en los que yo, Violeta Cejas, me lo monto y me lo como sola porque evidentemente no puedo permitirme pagarle a un comisario/productor/director que se encargue de guiar los preparativos y el desarrollo del evento. Esto tiene sus cosas buenas y malas, por un lado la inversión de tiempo es ingente y las responsabilidades recaen todas sobre mí, pero por otro lado puedo cuidar cada mínimo detalle para que esté totalmente a mi gusto, del mismo modo que las satisfacciones, el crecimiento y el conocimiento adquirido al finalizar el recorrido también son enteramente de uno mismo.



Para que os hagáis una idea yo soy mi propia productora, realizadora y mecenas -mentira, de esto último se encarga mi Señora Madre, que aquí la menda no tiene ahorros, ni trabajo ni tampoco donde caerse muerta si no fuera por Paqui Suárez-.

La fase principal y razón primera de montar una exposición es tener algo que exponer -válgame la redundancia-. A la realización de la obra en sí se puede llegar por dos caminos: o bien es obra ya hecha que se escoge y se presenta de manera que más o menos encaje con el espacio expositivo, o bien es obra que se realiza expresamente teniendo en cuenta todos los hándicaps del lugar donde va a ser expuesta.



En el caso de Alice in Wonderland yo lo realicé todo pensando en la estética de la tetería Omundo de Alicia (colores verdes y rojos, ilustración) y en la temática que la rodea (Alicia en el País de las Maravillas, la hora del té, bocados dulces, momentos de reflexión...). Trabajar con estos conceptos sencillos donde predomina la estética y las formas fáciles de representar (vajillas, animales, naturaleza...) siempre agiliza mucho el proceso, pero como yo no me quedo a gusto si no profundizo y me como la olla pues terminé adentrándome muy mucho en la relación de Carroll con sus "amigas niñas". Descubrí sus fotos eróticas de chochitos que no llegaban ni a púberes y la anécdota por la cual Carroll y la pequeña Alicia Liddell tuvieron que romper su relación. Representar esto en los dibujos me perturbaba bastante -y mira que ME FLIPA-, sobre todo porque esta vez quería plantearme la exposición como algo muy comercial, así que descarté ser demasiado sexual.



Cambiando de tema y volviendo al proceso de producción y organización de la exposición, en un segundo término nos encontramos con que: o bien tenemos que darnos algunos paseos y hablar con una poca de gente para gestionar un lugar apañado donde colocar nuestras cositas, o bien, si ya lo habíamos previsto de antemano -como ha sido mi caso- tenemos que realizar las obras teniendo en cuenta los metros que vamos a tener disponibles. De ponerse a pintar formatos a boleo NADA, salvo que seamos máquinas de producir y vayamos a tener obra como para parar un tren, pero como no es lo normal es menester organizarse bien, hacer nuestros estudios y bocetos previos para no hacer mucho trabajo de más.

Cuando obras y lugar están a punto de nieve el resto es sencillo, pero no os engañéis, porque lleva tanto tiempo o más que la labor de producción de la obra.

Llegados a este punto, podría organizarse una inauguración sencillita, invitar a alguna gente de boca a boca y dejar que el tránsito habitual -del bar en este caso- se encargue del resto. Pero, por lo menos a mi, después de mucho trabajo duro me gusta llegar al máximo público posible y ofrecerles un producto redondo, completo, capaz de sugestionar y que no deje a nadie indiferente. Y esto se consigue rizando el rizo con detalles y teniendo mucho contacto con la gente.



En el caso de Alice in Wonderland, aparte de las 22 ilustraciones expuestas diseñé una línea de merchandising para satisfacer paladares exquisitos y dar la oportunidad a quien no tenga la pasta para permitirse una ilustración enmarcada de que al menos puedan llevarse un recuerdo. Esta fase prácticamente se me pisaba con las anteriores y estaba dibujando ilustraciones al tiempo que libretas, haciendo fotos de cada cosa que iba terminando, diseñando chapas, decorando a mano juegos de té, pidiendo presupuesto para enmarcar y haciendo compras por internet. Es mucho más recomendable tener tiempo y tranquilidad para desarrollar todo esto y poder quitar, poner o arrepentirse.

Cuando ya tenemos fotos de todo el material que habrá en la exposición es el momento de ir dejando caramelitos por la red en nuestra fanpage de Facebook, Twitter o Instagram para ir creando expectación en la gente. Un cartel potente y algunos incentivos tipo concurso, o inauguración llena de actividades (conciertos, piscolabis, bebidas baratas o gratis) es éxito asegurado. La gente también gusta de seguir el proceso de toda la historia, no viene mal mostrar alguna fotillo mientras estás trabajando o colocando las cosas. Todas estas estrategias de Social Media están ahora muy de moda y es cierto que la gente les hace bastante caso, pero eso no quita que a nivel promoción haya que hacer algunos esfuerzos más analógicos como imprimir el cartel y colocarlo en algunos lugares estratégicos por donde pueda pasar nuestro público objetivo, algún flyer, mandar algunos e-mails a las redes culturales locales, Guía GO, etc...



Y bueno, ya está todo el trabajo gordo hecho y las semillas sembradas, ya solo queda pulir los últimos detalles: recoger las ilustraciones de la marquetería, preparar la presentación del merchandising, ir a colocarlo todo en el espacio expositivo destacando lo que nos parezca más importante y haciendo las obras lo más visibles posible (preparaos para follones con los enganches, algún cartelico que se pierde con el nombre de la obra y cosas por el estilo...).

¡Y tachán! ¡A disfutar del día de la inauguración! Cada quién tiene una forma muy personal tanto de pasar por todas las etapas que he ido describiendo como en lo que se refiere al trato con la gente, uso de redes sociales y tal. Pero en mi opinión, cuando estás tratando de vender algo tuyo, ¿qué menos que ser agradable? Para mi un día tan primordial como es el de la presentación de mi trabajo no cabe quedarse en casa. Me gusta socializar, hacerme amiga de la gente y preguntarles qué les ha parecido.



Para terminar, yo suelo dar las gracias siempre a todo el mundo varias veces, a quien me echa un cable, a quien va a ver mi exposición y a quien me aguanta cuando ni yo misma lo hago. También sigo incentivando a la gente a que vaya a la exposición durante el tiempo que ésta dura. Verdaderamente, la aventura no se ha acabado hasta que descuelgas tus marcos, recoges el dinero -si es que se da el caso- y empiezas a pensar en un lugar nuevo donde colocarlo todo o en ideas diferentes para llevar a cabo. Aunque entonces... tal vez lo que estemos es empezando de nuevo ;)


Violeta.